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Enfrentarse al papel en blanco. Continuar una historia empezada hace demasiado tiempo. Retomar la continuidad. Aprovechar el hueco vacío por la ausencia de metas, o la modificación de los objetivos personales derivados del paso de los días, de los meses, incluso de los años. Y así llegamos al 24 de diciembre, víspera del día de Navidad, donde por diversos motivos que no vienen al caso me enfrento al papel en blanco con una sensación de vértigo que los que han estado en esta posición podrán comprender.

En estas fechas, dominadas por el turrón, el alcohol y los excesos, encuentro un resquicio de tranquilidad para sentarme frente al papel en blanco, al que no me enfrentaba desde hace demasiados meses. Diez, para ser exactos. Sí, mis objetivos han cambiado; mis metas han dado un giro por aspectos personales y profesionales; las oportunidades que se me han presentado en 2013 han modificado mis hábitos, mi conducta y mi predisposición a seguir juntando letras para construir metáforas incomprensibles que no interesaban a nadie.

¿Por qué escribo, pues, en este momento? Porque quiero explicar lo siguiente: las metas que debemos conseguir las situamos nosotros, pero varían en función de cómo se desarrollan las etapas y de factores externos.

Arsene Wenger

La temporada 2012/2013 del Arsenal finalizó con un cuarto puesto inesperado. El año fue malo en cuanto a los resultados en las copas, cayeron eliminados de la Champions League, dignamente, ante el todopoderoso Bayern Henynckesiano pero consiguieron revertir la situación y alcanzar la meta que se les exigía: un cuarto puesto por encima de sus vecinos del Tottenham, que contaba con una plantilla digna de acceder a la máxima competición continental, con un Gareth Bale en estado de gracia que todo cuanto tocaba convertía en oro.

Los gunners sufrieron un verano complejo. En esta ocasión no hubo fuga de talento scomo antaño (Nasri, Cesc, van Persie, Song…). Pero el periodo de fichajes fue… un gatillazo. Hasta el día 31 de agosto, a las 22:00, la única incorporación fue Mathieu Flamini, un muchacho que escapó de los brazos de Wenger hace cinco años con melena rubia camino a Milan para disfrutar de la moda italiana y regresaba en chándal y con el cartón a la vista. El Arsenal había comenzado la temporada con una derrota en el Emirates frente al Aston Villa, en la que Benteke mostró las costuras gunners al mundo. La meta del Arsenal era no hacer el ridículo en un año complejo por la falta de incorporaciones y llegar al mercado de invierno con la posibilidad de que Arsene Wenger se sacase un fichaje de la chistera que permitiese al equipo alcanzar un año más la Champions.

Arsene Wenger y Mesut ÖzilEntonces llegó Özil, y la meta cambió. A las 23:00 del 31 de agosto, 50 millones de euros por 76 kilos de elegancia. Si se mira desde ese punto de vista es, incluso, barato. Los gunners comenzaron a carburar, Ramsey se dedicó a marcar goles desde el mediocentro (en 17 partidos marcó tantos goles como en toda su carrera deportiva), Giroud afinó su puntería y el alemán, recién fichado, se dedicó a levitar por zona trequartista del terreno de juego. Liderato en Premier y Champions, todo pintaba bien para los de Wenger. ¿Cuál era su meta? ¡Ganar la Premier! ¡Ni más ni menos! La misma plantilla que había logrado llegar a la cuarta plaza la pasada temporada, más Özil y Flamini, ahora tenía la exigencia de llevarse el título de la regularidad del campeonato doméstico más difícil del mundo.

Llegó el mes de diciembre, con la Navidad en el horizonte, y el Arsenal empezó a pinchar. Un empate frente al Everton, una derrota en Nápoles, un humillación ante el Manchester City y una nueva igualada, ayer, contra el Chelsea. El resultado: en apenas dos semanas el Arsenal ha quedado relegado a la segunda plaza en la Premier Legue, empatado a puntos frente al Liverpool, y en la Champions, donde se medirá al Bayern Guardiolista. Se escuchan las primeras voces discordantes con un equipo que ha pasado de no aspirar a nada, a aspirar a todo, y volver a aspirar a nada. La línea que separa el éxito del fracaso es muy fina y varía su posición en función de las expectativas de aficionados y periodistas.

¿A qué llegará este Arsenal? A todas partes y a ninguna, probablemente. Competirá ante el Bayern, porque el equipo de Wenger siempre lo ha hecho en Champions, independientemente del rival que tenga enfrente, pero las posibilidades de llegar a cuartos son exiguas. Peleará por alcanzar la cabeza de la Premier, pero el Manchester City y el Chelsea, por plantilla y presupuesto, son superiores. Luchará por alzarse con la FA Cup (se mide al Tottenham en el Emirates el 4 de enero), el trofeo más “asequible”. ¿No ganar ningún título sería un fracaso? ¿Cuál es su objetivo? Su objetivo es mantener a Özil, Giroud, Ramsey, Cazorla y Wilshere, entre otros. Y con ellos, etapa tras etapa, alcanzar la meta. ¿Y cuál es su meta? Pues, como diría un sabio, “ganar, ganar y ganar y volver a ganar”.