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Jack Wilshere fue una de las sensaciones de la temporada 2010/2011: nombrado “Jugador Joven del Año” por la FA, el juvenil inglés debutó con la selección absoluta y se convirtió en pieza clave de un Arsenal que se encontraba en pleno proceso de reconversión: Nasri y Clichy no iban a renovar sus contratos (acabarían fichando por el Manchester City) y el “culebrón” Fábregas estaba cada vez más cerca de llegar a su fin. Acabó la temporada con 19 años y 49 partidos con el primer equipo del Arsenal.

El chaval tenía algo diferente. El descaro era cosa de la edad, de acuerdo, pero sus galones y la capacidad de mando que mostraba sobre el césped eran completamente impropios. Y a todo esto, unido a su capacidad de sacrificio, había que sumar una completa comunión con la grada. No era un jugador fichado por Wenger con 15 ó 16 años, como el caso de los Cesc, Clichy o Walcott. Wilshere llegó a las instalaciones del club cuando apenas levantaba un palmo del suelo. En un equipo necesitado de referentes, el joven centrocampista se erigía como el faro que iluminaba el futuro del conjunto londinense.

Pero en el verano de 2011 comenzaría un infierno para Jackie  que se alargaría en el tiempo más de un año. Primero una fractura por estrés sufrida con un partido de su selección, que necesitó de cirugía para cicatrizar meses después de tener el pie inmovilizado, a lo que siguió una nueva lesión, esta vez en su rodilla, cuando la recuperación de su pie estaba en marcha. 13 meses de inactividad para un joven de 20 años (cumplirá 21 el próximo 1 de enero) que ha heredado, desde la grada, el número 10 que dejó libre van Persie este verano al firmar por el Manchester United. Wilshere volverá a los entrenamientos con el resto del equipo esta semana y, según los cálculos que Wenger ha hecho públicos, desde el club estiman entre 3 y 4 semanas más para que vuelva a tener minutos en un partido oficial. El Emirates sonríe esperanzado la vuelta de su hijo pródigo.

Javier Aguilar — @JavoAg