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Una mirada melancólica se adivina en sus ojos entreabiertos. Unos ojos que a lo largo de los años han visto horas y horas de fútbol, y siempre desde un lugar privilegiado. Porque comenzó como centrocampista, viviendo el juego desde la sala de máquinas y, cuando decidió poner punto final a su larga carrera deportiva, se transformó en entrenador para llegar a la cima.

Y llegó, primero de blanco en el club de sus amores, en donde había enseñado los conceptos más básicos a la cantera, hasta que su presidente decidió que era más importante vender camisetas que levantar trofeos. Después como seleccionador nacional, con una responsabilidad que era más una exigencia que un objetivo: conseguir traer a España la copa Jules Rimet. Cualquier otro resultado hubiese sido un fracaso. Fue a Sudáfrica, venció, sonrió tímidamente, y volvió para seguir predicando con su palabra y con su ejemplo.

Don Vicente del Bosque González, marqués de Del Bosque, ha sido criticado en innumerables ocasiones: bien por su doble pivote en el Mundial o bien por su idea de jugar sin delantero puro en la Eurocopa. Por la convocatoria de uno o la no inclusión de otro. Por llevarse a aquel y no sacarlo, ¡habráse visto! Y en todas las ocasiones, don Vicente se ha mostrado casi imperturbable, tranquilo, sereno, con el convencimiento de que hacía lo correcto, aunque fuese consciente de que podía estar equivocado.

Hablar de humildad y profesionalidad no haría justicia para lo que significa la personalidad de don Vicente. Él, que no tuvo una mala palabra para con su Real Madrid, aquel equipo que desde que lo echó hace ya nueve años (por medio de su amado presidente don Florentino Pérez), no ha conseguido alzar ningún título europeo. Él, que ha querido pasar inadvertido en las celebraciones dejando el protagonismo a sus jugadores, retirándose a un segundo plano.

Y, a pesar de todo ello, se ha llevado golpes y críticas que no merecía. Porque hay aficionados y periodistas que no saben separar el periodismo de club del de selección. Porque hay que hablar pronto y alto para luego poder gritar con el pecho hinchado: “¡Ya lo dije yo!”. Porque criticar es deporte nacional. Porque parece que cualquiera hubiese ganado la Eurocopa con la Selección actual, y el pasado Mundial en aquel entonces. Porque es “aburrido” ganar a Francia por 2-0 en cuartos de final sin que tiren a puerta (bendito aburrimiento). Porque “hemos pasado de pobres a ricos muy rápido”. Porque olvidamos pronto para crear recuerdos nuevos que satisfagan nuestras necesidades. Porque estamos en España y no tenemos término medio.

Javier Aguilar – @JavoAg