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Hace ya mucho tiempo, de cuando no vendiamos nuestro voto a ningún hombre, hemos abandonado nuestros deberes; la gente que alguna vez llevó a cabo comando militar, alta oficina civil, legiones— todo, ahora se limita a sí misma y ansiosamente espera por sólo dos cosas: pan y circo (Juvenal, 140 A.C.)

La representación del “circo” como espectáculo que canaliza la pasión de las masas y hace olvidar los problemas cotidianos era, allá en la Roma Clásica, la lucha de gladiadores. Nada lo ilustra mejor que la construcción del Anfiteatro Flavio (el Coliseo de Roma) allá en el siglo I de nuestra era. Un lugar capaz de aglutinar a 50.000 personas, en el que se escuchaban las palabras más malsonantes del Imperio, las expresiones más soeces, a cada una de las cuales acompañaba un sentimiento de ira y rabia contenida. A oídos de la clase dominante, aquello era un regalo de los cielos. Cada persona que se desahogase en el recinto era una persona menos por la que preocuparse fuera. Y, si aún tras los juegos seguía sintiendo esa sensación de hastío y enfado, un paseo por las tabernas y lupanares de la zona lo harían olvidar todos sus problemas cotidianos. Aquel era el lugar al que la gente iba a gritar, maldecir y dar rienda suelta a sus pasiones más prohibidas. Y todo ello acompañado de aplausos y vítores al potentado que había sido capaz de organizar el espectáculo, bien fuese un César o un comerciante adinerado.

Aquel panem et circenses no pasó al olvido, sino que serviría de piedra angular para la representación del deporte como espectáculo de masas veinte siglos después. La revolución industrial -vinculada al modelo de producción capitalista- trajo consigo la disminución de la jornada laboral, el crecimiento de las grandes urbes y el desarrollo de los medios de transporte. La Universidad de Rugby y la creación de la Football Association, a mediados del siglo XIX, se encargaron de sentar las reglas básicas de dos de los deportes más practicados desde entonces: el Rugby y el Football. El fútbol comenzó como un juego amateur practicado por universitarios británicos y trabajadores de las fábricas, que en su unión formaron clubes -el Crystal Palace lo fundaron los trabajadores que construyeron el Palacio de Cristal de Londres, el Arsenal los trabajadores de una fábrica de armamento en Woolwich-, si bien otros nacieron por el deseo de un particular -el Bolton Wanderers lo fundó Thomas Ogden, reverendo de la Christ Church de Bolton, el Liverpool FC John Houlding, propietario de Anfield- o por unión de varios miembros -el Porstmouth o el Norwich, entre otros-. Pronto el fútbol, gracias a la emigración británica, se expandió por Europa. Primero a Holanda, Alemania y Francia (Le Havre tuvo equipo de rugby en 1870), para después llegar a todos los rincones del viejo continente. En España el primer club fue el Recreativo de Huelva, en 1889, por la presencia de trabajadores ingleses en las minas de Riotinto. Pronto se crearon muchos más en las principales ciudades del país (Bilbao, Barcelona, Madrid, Sevilla…) y los partidos amistosos dejaron paso a competiciones oficiales.

Las primeras décadas del siglo XX y el desarrollo de los medios de comunicación, con el crecimiento de la publicidad y la mejora de la calidad de vida, borraron de un plumazo el amateurismo del deporte e introdujeron la profesionalización absoluta de la práctica deportiva (en este artículo hacemos referencia al fútbol, pero lo mismo ocurrió con los Juegos Olímpicos y el resto de los deportes). Las 50.000 gargantas que chillaban veinte siglos antes en el circo romano equivalían a las 60.000 que lo hacían en Anfield o las 90.000 del antiguo Wembley. “La religión es el opio del pueblo” afirmaba Karl Marx. Hoy, más que nunca, “el fútbol es el opio del pueblo”.

Wembley - FA Cup (1923)

La llegada de Internet y la expansión de la televisión a través del cable y del satélite permitieron trasladar el “circo” a nuestras casas, la contemplación en directo del espectáculo deportivo desde la comodidad del hogar. Nos situamos en un contexto de crisis económica (la tasa de paro se sitúa en por encima del 20%) con más de cinco millones de personas sin empleo en España. Todo ello envuelto en una reciente polémica reforma laboral que no cuenta con el apoyo de sindicatos ni de la oposición. En un ambiente de crispación e histeria. Es entonces, más necesario que nunca, pan y circo para el pueblo. Desde algunos sectores ya apuntan a una subida del precio del pan pero… ¿cuánto cuesta el “circo”?

He aquí una pregunta básica para cualquier aficionado al fútbol. ¿Cuánto vale ir a ver a mi equipo? Si usted reside en España, sea cual sea su equipo, la respuesta es “demasiado”. Para hacer esta afirmación, compararemos a los equipos que se sitúan en cabeza en las principales ligas europeas (Alemania, Inglaterra, Italia, España).

  • Borussia Dortmund: juega en el Signal Iduna Park (capacidad para 83.000 espectadores). Entrada más barata: 14 €; entrada más cara: 67 €; valor medio de las entradas: 40 €.
  • Manchester United: juega en Old Trafford (capacidad para 77.000 espectadores). Entrada más barata: 34 €; entrada más cara: 60 €; valor medio de las entradas: 47 €.
  • AC Milan: juega en San Siro (80.000 espectadores). Entrada más barata: 20 €; entrada más cara: 158 €; valor medio de las entradas: 89 €.
  • Real Madrid: juega en el Santiago Bernabéu (85.000 espectadores). Entrada más barata: 35 €, entrada más cara: 140 €; valor medio de las entradas: 87,5 €.

El valor medio de las entradas para ver al líder de la Liga Española es el doble que lo que cuesta ver al líder de la Bundesliga o de la Premier, y están a un precio similar a las de la Serie A. Lo peligroso de compararse con Italia es que, en el país de la bota, la asistencia media a los estadios está en un 50%, es decir, uno de cada dos asientos están vacíos en cada partido. La situación en España es algo menos alarmante, con un 71% de ocupación media. Lejos quedan los estadio rebosantes de Alemania e Inglaterra, en donde es extraño que se vean butacas sin ocupar. Sirva como muestra el enfrentamiento de Champions League entre FC Barcelona y Bayer Leverkusen. Para el partido de ida en Alemania (Bayer Leverkusen – FC Barcelona), las entradas valían entre 15 y 55 €. Para el partido de vuelta (FC Barcelona – Bayer Leverkusen) el valor oscilaba entre los 59 y los 167 €. ¿Acaso el circo, cuanto más necesario, es más caro?

En España, con un billete de 20 €, usted sólo podrá entrar a ver el partido en un estadio, Mestalla, donde se venden entradas desde 10 €. Con 20 € usted podría acudir al estadio de Alemania que más le plazca y disfrutar de un partido en directo. Precisamente han sido los alemanes quienes han puesto el grito en el cielo por el precio de las entradas en San Mamés para el partido de vuelta de cuartos de final de la Europa League. No conciben que una entrada para un estadio de fútbol ronde los 100 € cuando, en su país, por la mitad pueden acceder a las mejores localidades disponibles para el partido que deseen, sea el campo que sea y sin tener en cuenta al rival.

Aficionados del Schalke protestan por el precio de las entradas para el partido de vuelta en San Mamés

¿Tiene relación el precio del “circo” con la situación económica del país? Si atendemos a las cuatro grandes ligas europeas, todo parece indicar que sí. De esta manera, los países cuyas economías se han visto más perjudicadas por la crisis económica (Italia y España) tienen un precio medio de las entradas que duplica el valor de las mismas en las economías más saneadas de la “zona Euro” (Inglaterra y Alemania).

¿Cómo valorar el 71% de ocupación media de los estadios en España? Al alto precio de las entradas hay que sumar los horarios y la planificación de la Liga BBVA. Nos situamos en el país con los horarios más inciertos de cuantos se conocen. Igual su equipo juega el sábado a las 18:00, que el domingo a las 12:00 ó a las 21:30, o incluso el lunes a las 21:00. Y, con suerte, el aficionado sabrá el día y la hora definitiva con quince días de antelación (en condiciones normales, una semana). No se puede sentir otra cosa que envidia hacia la planificación británica, cuyo calendario completo se anuncia en verano. ¿No es más fácil planear un viaje para ver a tu equipo cuando sabes qué día juega? Parece que algunos no llegan a entenderlo.

¿Por qué no se cuidó el precio de las entradas? Hace 60 años era el ingreso principal de los clubes de fútbol, la taquilla se situaba como imprescindible para la supervivencia del equipo. Hoy en día, es una línea más en la cuenta de ingresos. Es importante, pero nada comparado con el dinero de las televisiones.

¿Cómo ingresar más dinero -o, al menos, el mismo- con los derechos de televisión? En los últimos años Mediapro y Sogecable han aportado ingentes cantidades de dinero a los clubes más importantes en España. Pero la burbuja del fútbol no está al margen de la crisis económica y, según algunas informaciones, el precio de los derechos televisivos tenderá a bajar en los próximos años. Por lo tanto, es necesario abrirse a nuevos mercados: Asia y Oriente Medio se antojan zonas clave para dicha expansión. Y, para “conquistar” televisivamente estos territorios, es imprescindible ofrecer un producto cuidado, preparado y listo para servir: organización, planificación, estadios llenos y buen fútbol. La expansión internacional en lo referente a los derechos de televisión es una condición necesaria para mantener la viabilidad económica de la máxima categoría del fútbol español en los años venideros. Y el éxito de esta empresa pasa por mejorar la asistencia a los campos y la planificación y organización de la Liga BBVA.

Javier Aguilar — @preciadobigotin