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Soy más mediático de lo que debería. Hace tiempo leí un artículo de entrenadores prestigiosos y salía yo al lado de Ferguson, y yo decía, ¿qué cojones hago aquí?”

  Manolo Preciado, en Panenka #2

Hoy es un día triste para el mundo del fútbol. Ese mundo en el que no se respetan los años ni las canas. Canas provocadas por el estrés y el paso del tiempo en un banquillo. Un banquillo que desgasta. Un desgaste nacido de conseguir imposibles con una plantilla limitada. Una plantilla limitada por la falta de recursos que consiguió, allá por 2008, un ascenso a Primera División. Primera División, cuatro temporadas consecutivas, la categoría que permite luchar contra los más grandes. Esos grandes a los que incluso llegaron a vencer. Esas victorias imposibles que sólo son capaces de hacerse realidad en el mundo del fútbol. Ese mundo en el que no se respetan los años ni las canas.

Seis temporadas en el banquillo del Sporting de Gijón convertían a D. Manuel Preciado en el entrenador de Primera que más tiempo llevaba dirigiendo a su equipo a comienzos de esta temporada. Un hito casi imposible en el fútbol español, más aún cuando nos referimos a un club modesto que lucha por la salvación año tras año y se aferra a la esperanza de realizar una gesta titánica: mantenerse en la máxima categoría con un presupuesto capaz de sonrojar al más pudiente. Al frente de este proyecto, un héroe del siglo XXI con trazas de haber sido concebido allá por el XVIII, con un prominente bigote y una predisposición a la batalla que ríase usted de aquellos metrosexuales que pueblan los campos de fútbol. Un símbolo de la resistencia, un personaje pelayesco, un mito cercano, con arquetipo de vecino común, al que la vida ha maltratado con funestas desgracias y a la que se enfrenta con el coraje de aquel que la aprecia por encima de cualquier otra cosa. Un personaje, unido indisolublemente a un bigote, cuya humanidad bien podría servir de referente, si es que no lo ha hecho ya, a todos aquellos golpeados por los duros reveses de la existencia.

Hay que pelear. ¿Que a veces tienes que echar una lágrima? Pues la echas, qué cojones. No pasa nada. Recuerdas muchas cosas, pero esto sigue. Yo solo voy a estar en el mundo una vez y la quiero aprovechar hasta el último día, seguro

Sirvan estas líneas para honrar a uno de los personajes más carismáticos que han pasado por los banquillos españoles en los últimos lustros, a un entrenador alejado de todos aquellos tópicos con los que hoy se relaciona al fútbol. Un hombre humilde, capaz de pedir perdón en su despedida, que merecería un ‘gracias’ de todos y cada uno de los aficionados al fútbol. La única duda es si el Sporting lo añorará menos que él al propio club. Hoy es un día triste para el mundo del fútbol. Ese mundo en el que no se respetan los años ni las canas.

Lamento si hice algo mal, seré de este equipo toda mi vida. Seré socio del Sporting hasta que me muera. Espero que todos ayuden al club”

  Manolo Preciado, en su despedida del Sporting de Gijón

Fuente imagen: Periodistas Anónimos

Javier Aguilar — @preciadobigotin