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Como si de una batalla se tratase, los capitanes arengarán a sus tropas antes del partido; los generales, Pep y Mou, se dedicarán a motivar (extramotivar quizá) a sus pupilos y, en el palco, Sandro Rosell y Florentino Pérez, emperadores electos de ambos bandos, dibujarán falsas sonrisas en sus rostros mientras observan con nerviosismo cómo trabajan sus soldados bajo presión.

Madrid y Barcelona se enfrentan el sábado en un simple partido de Liga. No debería ser más que un partido de los que se consideran de “seis puntos”, tres que suma el vencedor y tres que deja de sumar el rival. Sin embargo, cuando Real Madrid y F.C. Barcelona se enfrentan sobre el tapete, al menos en los últimos años, lo que ocurre es mucho más que un “simple partido”.

La distancia entre ambos equipos en la competición doméstica asciende a sólo tres puntos (aunque el Real Madrid tiene un partido menos), suficientes para considerar este partido un encuentro clave en el devenir de la Liga. Es crucial, o al menos lo es relativamente. Más allá del golpe psicológico que suponga salir derrotado para cualquiera de los dos equipos, el partido no deja de ser una valla más en una carrera de obstáculos. Quizá esta sea un poco más alta, pero no supone una montaña ni es la última de ellas. Siempre he pensado que los títulos se ganan en marzo, abril y mayo; antes de esa fecha, lo que te juegas es no perderlos.

Parece, sin embargo, que este “Clásico” es diferente a los de los años anteriores: es la primera vez que el Real Madrid, en la era Pep, es favorito. El Barça sólo ha conseguido ganar dos partidos fuera de su estadio (tres empates y una derrota), mientras que los blancos no han perdido ni un solo punto como locales. Por contra, los culés podrían esgrimir que el conjunto de Pep se crece en el Bernabéu (en los últimos tres años, 2-6, 0-2 y 1-1) o que Messi tiene en el Real Madrid uno de sus objetivos preferidos (13 goles en 15 enfrentamientos). El conjunto de Mou encadena una racha de quince victorias consecutivas, mientras que el Barça se ha mostrado vulnerable en noviembre: el empate en Bilbao y la derrota en Getafe colocaron a los azulgrana a seis puntos de la cabeza.

El sábado a las 22:00, sobre el verde del Bernabéu, los dos mayores presupuestos futbolísticos se verán frente a frente. Cada uno con su forma de entender cómo se gana jugando a esto que llaman fútbol. Cómo se invierten cerca de 500 millones de euros al año en preparar un equipo para ser mejor con la pelota que sus rivales. Los conceptos están bien diferenciados, frente al fútbol combinativo y asociativo del Barça se presenta un Real Madrid vertical, eléctrico. Las posturas son distantes pero el fin es el mismo. Sólo espero que queden fuera del encuentro los piques absurdos, agresiones, fingimientos e insultos de partidos anteriores. Los dedos en el ojo y las rabietas con el árbitro de turno. Que con mil millones, bien se puede echar un simple partido.